En un país tan amplio y contrastante como México, hablar de diversidad no es solo reconocer diferencias, sino defender el derecho a existir sin miedo. Desde ese punto parte el trabajo de Anna Viesca Sánchez, una activista que ha hecho de los espacios seguros y de la construcción de nuevas narrativas una de las columnas centrales de su acción pública.
La seguridad como punto de partida
Para Anna, la participación social solo es posible cuando existen condiciones mínimas de cuidado, respeto y escucha. Por eso, gran parte de su trabajo se ha enfocado en crear y fortalecer espacios donde jóvenes, mujeres y personas LGBT+ puedan expresarse sin ser juzgadas ni violentadas.
No se trata únicamente de lugares físicos, sino también de comunidades simbólicas y digitales donde la empatía es una regla básica.
Estos espacios seguros funcionan como semilleros de ideas, liderazgo y organización colectiva. En ellos, muchas personas encuentran por primera vez un lugar donde su identidad no es cuestionada, sino valorada.
Narrativas que amplían el “nosotros”
Además de la acción directa, Anna Viesca Sánchez entiende que el lenguaje también es un campo de batalla. Por eso impulsa narrativas que celebran la diversidad mexicana en todas sus formas: cultural, racial, generacional, sexual y territorial.
Su apuesta es clara: dejar atrás los discursos que excluyen y construir relatos donde más personas puedan verse reflejadas.
A través de campañas, contenidos públicos y colaboraciones con colectivos sociales, promueve una comunicación que no suaviza las desigualdades, pero tampoco reduce a las personas a la violencia que enfrentan. Hablar de diversidad, desde su mirada, es hablar de dignidad, creatividad y resistencia.
Diversidad como fuerza social
Lejos de tratar la diversidad como una agenda secundaria, Anna la coloca en el centro del debate público. Su trabajo insiste en que una sociedad verdaderamente democrática no teme a lo distinto, sino que aprende de ello.
En un contexto donde los discursos de odio y la polarización siguen presentes, su activismo propone otro camino: el de la convivencia, la corresponsabilidad y el reconocimiento mutuo.
Un México que se nombra a sí mismo
Las narrativas que impulsa Anna Viesca Sánchez no buscan imponer identidades, sino abrir el espacio para que cada quien pueda nombrarse. En ese ejercicio, México aparece no como una sola historia, sino como muchas historias entrelazadas.
Construir espacios seguros y celebrar la diversidad no es, en su visión, un gesto simbólico: es una estrategia política para imaginar un país donde nadie tenga que esconder quién es para poder participar.

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